El futuro de las energías no convencionales

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Por José Fernando Izasa - Rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

Artículo de Opinión tomado del periódico El Espectador


LA GUERRA IRÁN-IRAK INICIADA en 1980 desató una escalada de los precios del petróleo: llevándolo a US$40/barril, a precios de 2008, equivalen a US$120/barril. En ese período se trató de impulsar energías alternativas, no sólo para reducir el riesgo de desabastecimiento sino también para lograr energías más económicas que el crudo.

Las investigaciones en fuentes alternas son de vieja data, como la solar, la eólica, la maremotriz, la geotérmica. El problema para su difusión ha sido el costo. La reducción de precios de los hidrocarburos que sigue al inicio de la guerra Irán-Irak, bajó la prioridad de las fuentes no convencionales.

El repunte de los precios del petróleo en el año 2008 revivió el interés de las fuentes energéticas diferentes al petróleo. Había razones para un mayor optimismo: por una parte el desarrollo tecnológico había permitido reducir los precios del kilovatio generado por celdas solares y por molinos de viento; por otra, la escalada de precios de los hidrocarburos había superado cualquier pronóstico razonable.

A lo anterior debe agregarse un factor determinante, que no lo era en 1980: el efecto sobre la temperatura de la atmósfera causado por la combustión de hidrocarburos. En estas condiciones las energías que no emitan anhídrido carbónico tienen una valoración ambiental; en esta forma la venta de derechos de emisión las hace más competitivas.

Los precios del petróleo en 2007-2008 y los subsidios otorgados a los productores de biocombustibles permitieron desarrollar una serie de proyectos que, si bien son neutros en la emisión de anhídrido carbónico, compiten con la producción de alimentos y causaron el aumento de precios de éstos. De acuerdo con la FAO, se aumentó en 80 millones el número de personas con hambre, llegando a 925 millones.

El resultado ha sido un beneficio para los agricultores comerciales de gran escala y un empobrecimiento de los sectores desprotegidos. En Colombia los privilegios tributarios y la obligación de mezclar los biocombustibles con los hidrocarburos reduce los ingresos del impuesto municipal a la gasolina, sin beneficio para el usuario. Si a esto se agregan los contratos de estabilidad tributaria, el país cuenta con pocas opciones de política.

Una de las energías alternativas que tuvo un mayor desarrollo tecnológico fue la eólica. El costo del kilovatio está alrededor de $182, antes de transmisión y distribución. La energía geotérmica es hoy casi competitiva con la térmica convencional.

El costo de operación por kilómetro recorrido de un carro eléctrico es igual al de un vehículo con motor de explosión. En Colombia puede ser menor por los impuestos a la gasolina. Las limitaciones siguen siendo el alto costo de las baterías y su poca capacidad de almacenamiento de energía que limita sensiblemente la autonomía. Es interesante recordar que el vehículo eléctrico aparece antes que el de motor de explosión, pero su uso se había limitado a lugares cerrados y a los campos de golf.

Sigue siendo una gran preocupación que la energía que no emite gases de invernadero y que su costo es competitivo con los convencionales, sea la nuclear, con todos los riesgos que ésta conlleva.

Esto hace pensar la conveniencia de recordar que la energía más económica y ambientalmente más amable es la eficiencia y el ahorro.
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